Marie de la Trinité 

Los caminos estaban atestados de vehículos y personas, huyeron por millones. Algunos llevaban bicicletas cargadas de pertenencias. Otros, maletas de cartón atadas con cuerdas. Los niños empujaban carros repletos de bolsas, ropas, colchones… Los parisinos huían despavoridos… Ya habían visto las imágenes de los bombardeos en España.

Algunos pintaban grafitis en las paredes: «Perdimos a Robert, camino a Poitiers».

Otros recordaban a niños olvidados llorando al borde del camino o ancianos que ya no podían caminar más. Otros recordaban haberse tumbado boca abajo en cunetas o haberse escondido en el bosque para escapar de la muerte. 

Cómo impactan en el ser humano los acontecimientos brutales de la guerra? Cómo afectan estos tiempos actuales, los nuestros, donde las personas o familias enteras viven en el desamparo o en el miedo caer en él?

Así llegan a nuestros a consultorios, cuando el estado de indefensión los sumerge en la angustia, en ese estado de hilflosigkeit como lo nombraba Freud.

Jacques Lacan y Marie de la Trinité, vivieron el horror del Éxodo, quizás se cruzaron dentro de esa multitud sin saber que se encontrarían años más tarde, recorrieron esos caminos atestados de hombres y mujeres… de niños y niñas en un estado de total desamparo, de miedos extremos, de esa incertidumbre, donde la vida y la muerte se mezclaban, sin poder encontrar la manera de poder cuidarse o cuidar al otro. 

Mientras Francia se sumía en la incertidumbre de la guerra, Marie encontró un refugio inesperado en Flavigny. Allí, entre la quietud de los conventos y el desorden del mundo exterior, conoció al padre Antonin Motte. No fue un encuentro planeado, sino azaroso, y sin embargo cambió el curso de su vida.

Desde el primer instante, Motte percibió la intensidad de su vida interior y aceptó guiarla, ofreciendo un marco seguro para ordenar la riqueza de su experiencia espiritual.

Lo que Motte escuchaba no era algo reciente, sino que tuvo lugar 10 años antes, en 1929, Marie había vivido un instante que marcaría para siempre su existencia. En aquel momento, sintió la presencia de Dios con una profundidad que la invadió por completo, en una comunión que trascendió el tiempo y el espacio.

La vivencia de esta Gracia transformó su interior y la impulso hacia un camino espiritual que buscaba comprender y expresar. Cuando relató esa experiencia al padre Motte, ella no solo compartía un recuerdo: le abrió la puerta de toda su vida.

Marie solo deseaba una vida Contemplativa entregada a la oración, pero la negación de este deseo y la culpa que sentía por negarse a cumplir sus votos de obediencia le provocaron una profunda crisis espiritual,

“Todo se hundía – era la pérdida no sólo de los medios que deseaba encontrar en la vida religiosa, sino también la pérdida de Dios – la angustia, el temor, un gran sufrimiento en el alma, en todas sus profundidades- nunca sentí nada de igual luego, entendí que Dios había permitido esto a modo de Purificación de preparación”.

Por la tarde le pedí a la madre Saint Jean permanecer en la capilla hasta las 12 de la noche para rezar. Me tendí en el suelo con los brazos en cruz, hacía frío sobre las baldosas. Yo estaba delgada, me notaba todos los huesos desde los tímpanos, hasta los pies, medité sobre la muerte, pronto de mí no habrá más que esto, Dios mío. Te lo entrego todo, haz de mí lo que quieras, tómame como te plazca, concédeme que me olvide, que me pierda, que desaparezca por completo en ti”.

Bajo la Guía Espiritual del padre de Motte, Marie aprendió a poner en palabras lo que la gracia había depositado en su corazón. En 1942 comienza a escribir sus cuadernos espirituales, transcribe lo inefable de su experiencia Mística.

Luego vendrán más de 10 años de grandes sufrimientos psíquicos y comenzarán sus consultas a médicos y psicoanalistas., y cuando ellos ya no encontraron como “curarla de sus dolencias”, le ofrecen como solución someterse a una “Lobotomía”.

Ella tiene dudas sobre los resultados de esta operación, consulta entre otros profesionales  a Lagache y él le dice: “vaya a verlo a Lacan…

“Es un hombre un poco mayor que yo, brillante por su inteligencia y cultura, con una gran experiencia en psiquiatría y psicoanálisis. Creo que para usted es una oportunidad que no debería dejar pasar”.

Marie comenzará en 1950 su análisis y una prolongada relación con Jacques Lacan.

En 1956 cuando ella hacía sus prácticas como psicoterapeuta en el sector de psicosomática del hospital de Vaugirard, la doctora Quarti dice de ella: Muestra una sensibilidad y una profundidad humana de gran interés. y, siempre que continúe sus estudios, podrá aportar mucho al conocimiento de los problemas psicológicos.

El 13 de julio de 1956, Marie de la Trinité envía una nueva carta al doctor Durand, que comienza con estas palabras: «Finalmente me he decidido a concertar una cita con el doctor Lacan y lo he visto esta mañana. Le he contado mis proyectos de ser psicoterapeuta y el objetivo particular de mi visita.

Me preguntó cuál había sido mi evolución durante estos tres últimos años» … y que consideraba estos proyectos realizables y está dispuesto a estudiar con ella la mejor manera de llevarlos a cabo.

Es para responder a la pregunta de lacan sobre su evolución que Marie escribe el relato: De la angustia a la paz, sus vivencias de “la cura de sueño”, ese tiempo de sufrimiento total, indecible —mucho más terrible aún que todos los sufrimientos soportados durante años antes de emprender un psicoanálisis.

Es a partir del relato de estos doce días de horror que Marie de la Trinité nos introduce en el camino que finalmente la llevará verdaderamente “de la angustia a la paz”.

María Josefina Chevalier

11 de abril 2026

Ituzaingó – Buenos Aires

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